Los turistas

Venían los tres rematados por el calor, como una banda de pajarillos desorientados. Turistas, claro: pantalón corto, sandalias y gorrito como de pescar barbos en los lagos de Kent. Ellos y yo. En la ciudad no se molestaban en moverse ni los gorriones. Los he visto acercarse al ayuntamiento, consultar algo en un plano. Han discutido unos instantes, quizás andaban buscando esa imagen imprecisa del pasado que en las ciudades se llama el casco histórico. He estado por acercarme, tocarles suavemente en el hombro para que no se asustaran y contarles que aquí no hay casco histórico, que la historia nos gusta ocultarla por los alrededores y si es posible construirle algo encima y que no, no estamos en guerra, es sólo que en Agosto este rincón parece un campo de tiro o el escenario de una epidemia que se ha llevado a todo quisqui por delante. Pero he seguido mi camino.

No sé, igual encuentran algo que merezca la pena. ¿Quién soy yo para robarles la ilusión?

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