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nostalgia del viejo mercado

En estos días ha caído en mis manos un librito editado por Gestocomunicación y que en su día se distribuyó a través del diario Odiel (ya empezamos, la primera bala nostálgica entre ceja y ceja). Recorriendo sus letras y sus fotos he sentido una inmensa nostalgia del viejo mercado de abastos del Carmen. He reconocido a más de un tendero y viendo esas imágenes casi he podido oler y saborear ese ambiente tan particular, que al principio provocaba rechazo por húmedo y pringoso y luego te dejaba enamorado de lo auténtico; porque sólo lo que es auténtico mancha y duele, el resto como mucho aspira a ser cómodo. Sí amigos, yo era de esos friquis que se iba con la cámara a dejar testimonio y nadie lo entendía, pero luego me consolaba tomándome una cerveza y una tapa de croquetas en El Miguel (otro de los retratados). Y entonces, cada sábado, esa rutina me hacía sentir que la vida era ordenada y justa.

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Al de ahora ya no voy nunca. Sí, es más grande, más fresco, más limpio y más cómodo; y también es menos mercado. Más caro, con más gente, y se me han borrado los rostros de algunos de mis tenderos favoritos y a otros ya ni los encuentro. En cuanto al Miguel: pudiera jurar que las croquetas no me saben igual y ha cambiado su prientación norte por una al sur que, vaya por Dios, al final no le favorece.

Y sí, de acuerdo, lo habéis adivinado. Pertenezco a esa clase de nostálgicos rabietas que lee en papel, escucha vinilos y de vez en cuando tira un carrete. Al que no le guste, que no mire.

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tras la lluvia

Admitámoslo. Hay ciudades a las que favorece la lluvia y otras que se afean. Por alguna razón, creo que nuestro rincón brilla un poco mejor tras la lavativa obligada del agua torrencial, que por estos lares mana como Pedro por su casa. Esta mañana no eran ni las diez y media y Huelva lucía desconsolada, pero desgarbadamente bella tras el velo gris de la tormenta. Las calles medio desiertas y húmedas; los maniquíes de los escaparates parecían contemplar los regatos de agua, aburridos, como si intuyeran que nadie vendría a visitarlos. Los carteles se fundían pegados a los muros y la chatarra se oxidaba amontonada en una esquina sin que nadie le prestara atención. Todo el mundo caminaba con premura, salvo algunos personajes extravagantes que vacilaban entre seguir avanzando o dejarse empapar. Qué tendrá la lluvia, que a algunos les invita a salir corriendo y a otros nos detiene en mitad de la nada.

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la historia nunca pasa de largo, ni siquiera por nuestro rincón

(especialmente si es trágica)

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mejor no…

Hay días que pareciera mejor no levantarse. Hoy se me han pegado las sábanas, pero literal, con tanto calor. Y la espalda me ha hecho CRACK un par de veces más de lo habitual. Y en la tele estaba Rajoy, diciendo que gobierna para todoslos españoles. El cielo era de un color como amarillento, más bien una papilla de polvo espeso recalentado por el sol. Yo creo que aún guardaba restos del humo del incendio de hace unos días, que desde mi terraza lucía bien jodido. Total, que a veces siente uno ganas de volatilizarse, esfumarse, evaparorarse y materializarse en algún lugar donde no haya ruido ni lleguen noticias de la prima de riesgo ni se sude ni exista un lunes que poscede al puto domingo. Un poco fatalista, sí, así me ha dado hoy por existir. Pero nada, no os preocupéis. En la vida todo gira y mañana será otro día y hasta el humo desaparece algún día. Y eso que ayer estuve viendo una comedia de Shakespeare: Noche de Reyes, de la compañía Noviemb  Teatro. En el festival de teatro y danza de Niebla. Qué gustito, que todavía existan cosas como el teatro y las comedias en este mundillo gris…

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la frontera

Así se llama el último disco de Joaquín Pascual: ex Surfin Bichos y Mercromina y un músico con una sensibilidad especial que, para más señas, toca la eléctrica sin púa. Con las manos desnudas, como desnudas resultaban sus canciones. Nos contó que se le murió el perro en Cádiz, que le dió envidia un beso, que anda cascado (aunque esto lo disimula bastante bien). A cambio, le enseñamos que aquí la virgen de turno es la de la Cinta (no acababa de creérselo). Joaquín, tu sigue rodando por carreteras secundarias, que nosotros te seguimos. Al menos los cuatro gatos que ayer disfrutamos de su concierto. Que ciudad, por Dios. Es como para hacerle una canción.

Por cierto, el que firma esto se llevó un vinilo y además, firmado. Aprende Alejandro, así se venden discos.

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cosmic dancer

Será la lluvia, la propaganda electoral o este pellizco en el estómago, pero hoy me he levantado con cuerpo agridulce y melancólico de Cosmic Dancer. Qué se le va a hacer. Ya la escuché 15 veces. Mañana otras 15, a ver qué pasa…

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noche de reyes

Hubo un tiempo en que la noche de reyes debío de significar algo importante en mi calendario. Ahora sólo es el umbral para una mañana deliciosa en la que desayuno roscón con mi pequeña familia y me vuelvo a casa cargado con unos cuantos regalos que, seguramente, no me merezco.

Lo de la cabalgata lo veo un poco kitsch. Esos señores gordotes vestidos de reyes de baraja, a los que se les adivina el sarpullido bajo las barbas polvorientas que llevan un año guardadas en algún almacén municipal. Y tanto paje y tanta paja (perdón, es por la paridad) y esos caramelos de baratillo que luego se derriten en algún tarro de tu casa… para darle esquinazo a sus borbones de oriente me he fabricado un plan B que os recomiendo. Voy a ir a ver la última de Itziar Bollaín: También la lluvia. Creo que puede estar bien y, en todo caso, no se me ocurre mejor regalo que una tarde de cine.

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despídelo como puedas

Esta semana se habló mucho del ranking (traducción inglesa para la palabra española «odiosa lista») elaborado por mercociudad para distingir las ciudades españolas en función de nadie-sabe-bien-qué-criterios de buen vivir. No se sabe cuáles son, pero se sabe que son muy rigurosos, eso sí. El dichoso ranking coloca a nuestro rinconcito liderando el listado. Sólo que por la cola. Huelva es la ciudad número 75 de un total de 81. ¿Tan mal se vive en nuestro pedazo de sudoeste? ¿Habrán pasado por aquí los rigurosos expertos de mercociudad (¿no suena a empresa dedicada al narcotráfico?) o nos han clasificado de oídas? ¿Es posible que hasta a un cenizo como yo le resulte un poco exagerado? ¿Cuál es el animal más rápido sobre la tierra? ¿Sabéis que se ha muerto Leslie Nielsen?

Cierto. Esta redacción alocada es un intento consciente de minusvalorar la importancia de los ránquines y brindarle un homenaje bloguero a uno de los actores más chuflas y disparatados de la historia del cine. ¿Qué quién era ese tipo? ¡Ay alma de cántarus!, echaos unas risas con este momento estelar Leslie Nielsen, qué es sólo un ejemplillo. O no os riáis si no queréis, pero oleos luego el aliento: es posible que ya estés muertos.

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la vomitona iberoamericana

¿Algunas vez habéis vomitado un petit suisse de fresa? Es una experiencia paradójica, de esas que te hacen pensar. Francamente repugnante pero revestida, al mismo tiempo, de los olores y sabores entrañables de la infancia…

Bueno, de lo que yo quería hablaros no es de mis trastornos gastrointestinales sino de que el pasado domingo me fui al cine. Al Gran Teatro, para ser más precisos. Daban un par de películas. ¡Y la entrada era gratis! Naturalmente, como esto es Huelva, conté la friolera de 5 personas en la sala (7, si contamos a la parejitaque se fue antes de que acabara la peli). Si hubieran regalado gambas, la cosa hubiera sido diferente (tomen nota, señores exhibidores).

El evento lo organizaba la iniciativa Otoño Cultural Iberoamericano y es un excelente precalentamiento para el Festival Iberoamericano de Cine. Ese festival que se sostiene sobre alfileres; que no sale en los papeles de fuera de nuestro rinconcito; que ni siquiera se anuncia todavía en nuestras calles. Ahora que lo pienso, tengo con el festival la misma relación que con el petitsuisse de fresa. La vida está llena de experiencias paradójicas.

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¿todavía dormidos?

Por cierto. Me duele un poco decirlo, pero cuando se vuelve a este rincón del sudoeste después de un tiempo fuera siemprese tiene la impresión de que toda esta ciudad contuvo la respiración un verano entero. Que detuvo sus coches y sus nubes; que fijó un atardecer con laca para que no se gastara. Que cerró todos sus bares; que fue, por una vez, ciudad silenciosa; que se llenó los carrillos de aire el día 1 de agosto y ya no volvió a expulsarlo hasta el 1 se septiembre, no fuera que se moviera un ápice y descubriera algo. Y la culpa es de todos, claro, que nos vamos en cuanto podemos. Pero al final el resultado es que en nuestro rincón son 11, no 12, los meses que tiene el año. El otro nos lo robamos. Jesús, que retorno. Y este ha sido de los suaves.

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